‘Hija de revolucionarios’ de Laurence Debray

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Fuente: Milenio / Enero 2019

 

No cualquiera se arresta a escribir acerca de sus padres. Ni siquiera quien, la memoria fresca entiende que en la reconstrucción de toda historia aparecerán siempre, inevitablemente, etapas y personajes de un enigma a descifrar. Volver a ellos, los padres, es quizás solo la disculpa para el encuentro con uno mismo.

 

Laurence Debray (París, 1976) lo hizo, y no desde la avanzada edad ni en homenaje a ellos, el filósofo francés Régis Debray y la antropóloga venezolana Elizabeth Burgos, sino desde sus sosegados 40 años. Un tiempo ideal para cerrarle puertas al rencor, la nostalgia y el olvido. Como quien cuenta una historia, pequeña o grande, sin certezas únicas.

 

La verdad, cita Debray a Mona Ozouf, no reside ni en lo que se dice ni en lo que se escribe, sino en lo que se hace. Hechos y motivaciones que, anclados en el ámbito del tiempo, la autora recorre en 'Hija de revolucionarios', ejercicio memorioso que bien podemos leer como una buena ficción. Una novela de unos padres "jóvenes, atractivos, brillantes y revolucionarios".

 

Que "lo perdieron todo con la Revolución", señalará Debray a renglón seguido, a su vez acompañada del dictado de Molière, "cuanto más se ama a alguien menos debe adulársele; el verdadero amor es el que nada perdona". Lo que no le impide dar cuenta del peregrinaje de padre y madre desde una impermeabilidad asumida conscientemente. "Soy pragmática y me baso en los hechos".

 

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